3 cosas que debes saber para que tú Príncipe Azul no se te convierta en Sapo

happy couple walking on wooden bridge

No tienes idea de cómo, repentinamente, terminaste enamorada del Príncipe de tus sueños que, poco a poco, se empezó a convertir en el Sapo de tus pesadillas.

Dicen por ahí que, un tal Cupido, anda por todas partes desnudo, mostrando unas enormes alas brillantes, ojos vendados y armado con arco y flechas; y como cual pajarito tierno con rosa en el pico, cautiva a primera vista a cuanto incauto se le atraviesa.

-¿Tú sabes quién es Cupido?-

En la mitología romana lo llamaron el dios del deseo amoroso. Hijo de Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y de Marte, el dios de la guerra.

Pero no puedes andar por ahí, ligeramente, echándole la culpa al inocente bebé por el sufrimiento que te causa tu media naranja.

En realidad, ni tú ni nadie podría evitar que un príncipe se convierta en Sapo, lo que sí depende de ti es hacerte cargo, y para ello debes reflexionar sobre tu parte responsable: haberte dejado llevar por la sensación que produce el enamoramiento, sin considerar la razón.

Para evitar la desagradable experiencia de quedarte atrapada con el sapo, que al principio se mostró, o lo viste, como un príncipe, empieza por considerar estas 3 pautas:

1. Conoce la diferencia entre estar enamorada y amar a alguien

No llevas ni dos días conociendo al tipo y ya te sientes con el derecho universal de describir lo fantástico que es: lo ejemplar de su carácter, lo sincero de sus sentimientos, lo excelente hijo, hermano y, posiblemente, esposo y padre que será…

¡Es más!, ya sabes que es la persona con la que podrías ser feliz el resto de la vida, porque nunca habías sentido <tanto>, nunca habías experimentado todos esos cambios fisiológicos al mismo tiempo.

No eres la única, es normal, esa idealización es parte del enamoramiento.

Pero el amor parte de la realidad, desde el momento que dejaste de ver a tu pareja de manera idealizada. Es cuando ya te enfrentas a su forma de ser, amar y sentir y aún sigues creyendo que vale la pena.

Es aceptar a esa persona tal cual es, después de conocerla más y seguir valorándola y queriendo tenerla al lado.

El amor suele ser recíproco, el enamoramiento no tanto.

Puedes sentirte enamorada de alguien que no te corresponde; la misma idealización hace que lo veas diferente, que excuses su despectivo comportamiento hacia ti, que no la veas como un igual.

En cambio, cuando amas a alguien es probable que esa persona también te ama. Se respetan tal y como son, se valoran, están comprometidas por el bienestar del otro. Ninguno se siente superior ante el otro, pero tampoco inferior.

2. Deja de escuchar solo lo que necesitas oír

Sé que es más fácil escuchar lo <bonito> que te dicen, que afrontar la realidad que aparece como un inesperado relámpago ante tus ojos, y te impide darte cuenta con claridad de lo que es evidente.

Siempre hay señales que se muestran. Señales que vas dejando pasar, porque es más fácil considerar que son insignificantes, pero hay muchas cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: como el humo, sentirse deprimido y el mal carácter, y todo éso se agrava si no se atiende.

Así empiezas a escuchar frases que, si le prestas atención, te dicen otra cosa, como:

  • ¿no estas muy descotada? te ves muy sexy y no quiero que los demás te miren, te quiero solo para mí.
  • ¿por qué llegas 15 minutos más tarde? me tenías preocupado, ¿no viste mis llamadas?
  • a veces te echas mucho maquillaje, eso te dañará la piel.
  • deberías quedarte aquí en vez de ir con tus amigos, te quiero tanto que quisiera que solo tuvieras tiempo para mí.
  • te llamé y te escribí muchas veces, ¿por qué no respondiste? ¿estabas muy ocupado?

Esas frases escuchadas en plena etapa de romanticismo pasional sonarán excitantes, para muchas personas, pero después de un tiempo de escuchar lo mismo, te empezarán a molestar, aunque sea la misma intensidad, aunque lo más probable es que se agraven.

Además, en el fondo llevan un mensaje implícito de dominación.

3. El tiempo juntos debe ser de calidad

Las relaciones de pareja son como una montaña rusa, aunque te sepas la pista de memoria, vuelves a sentir las mismas emociones una y otra vez como si fuera la primera.

Tiene lentas subidas y bajadas precipitadas; y, cada tanto, serenos tramos horizontales que te dejan medio volver a la calma.

A veces quedas cabeza abajo.

A veces no sabes si reir, llorar o, si la gravedad te lo permite: ¡gritar!.

A veces lo disfrutas y otras, no tanto.

La experiencia se amarga si aún no habías digerido la última comida, y podrías vomitar pero te arriesgas y, seguramente, porque nunca te ha caído vómito ajeno encima. Además, los gritos de la señora de atrás no te incomodan tanto.

Pero a pesar del malestar, el miedo y la sensación de vacío que sientes en cada bajada, vuelves a subir porque es más lo que disfrutas.

Así, debe ser una relación, debes disfrutarla a pesar de todo, si no es así: ya no vuelvas a subir.

Queda en tus manos la decisión de hacerle más caso a la razón que al cucharón… ¡perdón! que al corazón.

Gracias por haber llegado hasta aquí… por haberme leído.

Me gustaría saber tú opinión, déjame tus comentarios.

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