A veces es veneno, lo único que se tiene para dar.

Viendo un programa de televisión sobre «animales venenosos», no podía dejar de pensar que en algo se parecen ésos seres a nosotros, a los <seres racionales> del planeta.

En el mundo existe muchos animales venenosos, que poseen glándulas para producir toxinas y cuentan con estructuras como colmillos, espinas y aguijones que les permiten transmitir dichas sustancias.

Los animales venenosos más populares y comunes son las arañas, serpientes, escorpiones y medusas. Además de estos grandes grupos existen otros, menos numerosos, como ranas, peces e insectos.

Una gota de veneno, de algunos tipos de ellos, puede matar hasta cien personas y a otros, les es suficiente solo rosarte la piel..

No somos muy diferentes a los animales, inclusive a estas especies, que naturalmente lo único que tienen para ofrecer es su veneno, que producen debajo de sus exóticos y brillantes colores vivos.

Sea lo que sea que sale de tu boca

“Nada en la tierra consume a un hombre más rápidamente que la pasión del resentimiento

Friedrich Nietzsche
mindful model with blooming flowers in neon light

Algunos de nosotros, muchas veces, adornados con llamativos atuendos; sin distinción de sexo, raza, etnia, edad, religión, origen, situación económica ó educativa, lo único que tenemos para ofrecer es <veneno>, el reflejo de la frustración y el resentimiento que hemos germinado en nuestro interior, por no haber podido gestionar nuestras emociones y sentimientos.

Pensaba en algunas ofensas que me han causado gran sufrimiento, las cuales acepto al comprender que no se trató de mí, de lo que había hecho, dicho o dejado de hacer, se trató de lo que esa persona tenía para dar, de lo que la contenía.

Pero también, he reflexionado sobre las veces que mis palabras hirieron, las veces que <dije las cosas tal y como son>, las veces que sentí la necesidad de decir lo que sentía pero que no lo hice con empatía, las veces que impuse mi punto de vista sin respetar el del otro, las veces que dejé que mi ignorancia me representara.

Ninguna de esas veces, se trató de ti, se trataba de mí, de lo que tenía para ofrecer, de mi propio veneno.

El antídoto

Debemos estar conscientes que el que nos ofende, humilla e intenta minimizar, no lo hace por lo que le inspiramos, lo hace por lo que, inevitablemente, refleja de sí mismo.

Así cada palabra que sale de nosotros, es el producto exclusivo de nuestro interior, es lo que tenemos para ofrecer.

¿Qué está saliendo de ti hoy?

Gracias por leerme.

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