photo of women wearing masks

Los hombres creen que se divierten, hablando de política, de futbol y de autos.

Ni se imaginan que no hay nada más divertido que las charlas de chicas, donde se susurra, se ríe con delicadeza mientras se termina, casi siempre, hablando de sexo.

people drinking liquor and talking on dining table close up photo

Había una vez un grupo de chicas, reunidas en un bar, conversaban sobre cualquier cotidianidad, hasta que una dijo:

-¿se imaginan?

cuánto debieron sufrir las mujeres de antes, que se tenían que casar «con velo» pero «sin verlo» y muchas veces con alguien que ni querían.

Por suerte vivimos en una sociedad plural, con infinitas formas de ver la vida y, por tanto, la sexualidad; y lo mejor, es que tenemos el privilegio de poder elegir libremente cómo la queremos vivir.

Pero no así en el siglo pasado, donde:

La Virginidad era un requisito

El celibato hace referencia, a un voto que consiste en abstenerse de la actividad sexual antes del matrimonio.

Practica que era muy importante en épocas pasadas, en muchas sociedades, por orden de la Iglesia Católica principalmente, norma que condicionaba tanto al hombre como a la mujer.

Cosa que la mayoría de los hombres no cumplían, porque la misma sociedad que imponía la regla, era la misma sociedad que permitía que el hombre se sintiera superior a la mujer y con más derechos, y por ende no se sentía obligado a cumplir.

Así que, desde épocas remotas, se veía normal que los hombres sí exploraran y disfrutaran de su sexualidad desde la pubertad.

Claro, después ambos llegaban a la iglesia, para celebrar la ceremonia de consagración del matrimonio,

Él, bien elegante con su esmoquin, sus zapatos bien pulidos y gozando de sus destrezas y habilidades sexuales, todo un hombre corrido.

Ella, vestida con un hermoso vestido blanco, la cara cubierta con un velo de encajes y el himen bien pegado.

Así había llegado el momento, la ansiada noche de bodas, donde muchas veces era que la mujer se daba cuenta que la cosa sí seria para siempre, pero para nada feliz.

Era todo al azar, no se sabía si la noche de bodas, sería una Luna de miel o de hiel.

Luna de Miel Hiel

Debió ser terrible para algunas,

Descubrir esa primera noche de bodas que pasara lo que pasara, se tenia que conformar con lo que le tocara…

Hasta que la muerte los separe.

No vas tú a creer en eso de que, para todas, la única finalidad del sexo era la procreación, me imagino que unas cuantas esperaban y se disfrutaban su noche a «la calladita», porque a pesar de la inocencia, y la falta de conocimientos, igual tenían hormonas dirigiéndole los pensamientos.

El buen sexo

Antes, ni asimisma, la mujer podía admitir que sentía placer o que necesitaba sentirlo.

Cuántas no habrán muerto de ancianas, con una data de 12 hijos, como mínimo, sin siquiera haber experimentado un solo orgasmo ó sin saber cómo se llamaba ésa taquicardia extraña que incluía espasmos, temblores y aceleración de la respiración.

“Aunque el sexo sea perfectamente natural, no siempre es naturalmente perfecto”

Tea Larry, sexóloga.

Algunas personas creen que aprender cosas sobre el sexo es un artificio; pero los hechos indican que los buenos amantes no nacen, se hacen.

Son muchas las mujeres que no alcanzan el orgasmo y creen que deberían saber naturalmente cómo lograrlo.

Creen que sucederá siempre como una magia, o que la pareja siempre tiene el deber de hacer que suceda.

El buen sexo, tanto para el varón como para la mujer, va más allá de lo explícito en sí, se necesita comunicación, información, intercambio, cooperación y amor.

Ahora, con todo esto de la igualdad, ya sabemos como mucho para no exigir lo que nos pertenece.

Nos pertenece, dentro de esa libertad de la que se jacta la sociedad moderna, poder elegir si queremos hacer votos de castidad hasta llegar al matrimonio, con quien o si sencillamente no queremos ni siquiera casarnos.

Lo anormal, dejó de ser lo normal

Lo normal era, donde la mujer no podía vestirse con la libertad, votar, administrar sus propios bienes dentro del matrimonio, ejercer el derecho de la planificación familiar, ni siquiera divorciarse ó simplemente quedarse soltera, si eso era lo que quería.

«No puedo pensar en ningún país en el que hace 100 años una mujer pudiera divorciarse por las mismas razones y con la misma facilidad que un hombre»

Stephanie Coontz

Habían muchos escenarios, algunos más perturbadores que otros, donde reinaba el maltrato, la infidelidad, la vejación y por otro lado la complacencia, la sumisión y la frustración.

Pero todo eso quedó atrás, y ya muchas mujeres no estamos dispuestas a soportar muchas cosas, solo por tener «el privilegio» de estar casadas para complacer a la sociedad.

Retomando la charla

Donde iba al principio, existen también otros escenarios, dentro de historias perturbadoras, que tampoco tenemos que aguantar:

Aquí algunas historias que tengo permiso de contar, a medias, pero suficientes.

Tenía el pene pequeño…

tanto le coqueteé hasta que me invitó a salir, perdí dinero y tiempo ese día «especial».
Compré lencería de encaje negro y perfume nuevo,
¡tanto para nada!,
«el gigante musculoso», tenía era un grano, eso creo, nunca lo vi y mucho menos lo sentí…
por supuesto me llamó al día siguiente, le dije que me tenía que mudar…»

Debe ser un drama en la actualidad, vivir con un micropene, no creo que haya sido así siempre. Antes un hombre con un pene pequeño, no tenía problemas, porque no tenía la necesidad de complacer a nadie y tú no hubieras podido desahogarte ni con las amigas.

Pero en la actualidad, sucede que el tamaño del pene es una preocupación real, para quien lo lleva y también para quien debe compartir una relación sexual con esa persona.

La idea previa al fracaso impide que se desarrollen habilidades eróticas en beneficio propio y de la pareja.

Hoy en día está comprobado que el tamaño no tiene nada que ver con la insatisfacción de una mujer, sino que todo depende de la química y comunicación que exista entre la pareja, y la capacidad de ambos para buscar placer mutuo, para lo cual intervienen muchos más factores que el pene.

Se alabó en todo el camino…

me llevó a un hotel que tenía espejos por todos lados, y el más grande era el del techo.
No hacia más que verse mientras lo hacía, y se alabó todo el tiempo, se decía lo sexy que era y creo que hasta se lanzaba besos.
Anónimo

No creo que exista algo más desmotivador que un patán narcisista teniendo sexo, un tipo que se alabe tanto, que te hace sentir que está teniendo sexo con una muñeca inflable, que no hace ningún gesto por complacerte.

Un tipejo que te busca en la medida en que lo adoras, lo satisfaces y le haces sentir lo grandioso que es.

Que te busca para tener sexo solo cuando él quiere, y que cuando termina, no se preocupa por darte otras formas de placer para llegar al orgasmo, porque ni se dio cuenta, ni le importó que no llegaste ni a estar cerca de tener uno.

«El tipo era una bestia…

sin previo aviso, como un animal: llegó, me miró, se montó y acabó... más nunca le respondí el teléfono»
Anónimo

Por supuesto, nadie soporta un tipo de estos, bien dotados o no, no tienen más nada, porque si cree que «eso» que hizo es tener sexo, es porque está bien errado en la vida, ó,

Quizá sí sabe que no te satisfizo pero le da igual, lo importante para él es descargarse.

Pero a menos que quieras ser un depósito de semen, un hombre así no merece ni un saludo, mucho menos que, por cortesía, le respondas el teléfono para decirle cualquier excusa que le alivie su ego.

«Sentí que me metió la pierna…

tenía el pene muy grande y no lo disfruté, sentí que me partió en dos pedazos»
Anónimo

Una de las creencias más populares es pensar que un hombre ya tiene la guerra sexual ganada solo por tener un pene considerado grande.

Que ese «privilegio» por sí solo, ya le garantiza la satisfacción plena a la pareja,

Pero no es así, un pene grande, es solo un miembro más, que por sí solo no asegura el orgasmo de la pareja.

Construir el bienestar sexual

Muchos hombres se liberaron de los estereotipos erróneos de que el miembro, por sí solo, es el aval que garantiza las relaciones satisfactorias para ambos integrantes de la pareja.

Se animan a descubrir el acceso continuo al placer por diferentes y variados caminos, a fin de satisfacer y dar el mismo placer a su pareja que a ellos mismos.

También creo que es importante la comunicación, saber expresar de manera constructiva cuando no se está disfrutando del sexo y por qué.

Buscar constantemente nuevas técnicas y formas de hacerlo, para que la otra persona también pueda introducir cambios y se alcance un mayor bienestar en la relación.

Cuando todos asumamos que el sexo también ha cambiado, que no existe un único medio para acceder al placer erótico, que no solo se consigue placer a través de el acto, que son diferentes las vías que están disponibles para ser transitadas y que son muchas las herramientas que pueden ser usadas.

Entonces, es ahí cuando cada encuentro será satisfactorio.

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