¿Crees que las mujeres sufrimos más?… Hasta que dejemos el victimismo

La libertad conlleva a la responsabilidad. Por eso a la mayoría de las personas les aterroriza.

George Bernard Show
woman lying on brown sofa using her laptop

«Yo siempre digo que las mujeres sufrimos más»

Te metes en Facebook y lo primero que consigues es esa publicación, por supuesto, a primera hora, te cae como una piedra en el estómago, pero como todo tiene su lado positivo, de todo se aprende algo, de esto aprendí que uno no debe meterse en las redes sociales con el estómago vacío.

Sin contar la cantidad de comentarios que tenía la publicación, cada uno más desconcertante que el anterior, con la misma <tonalidad> de desdicha y frustración.

De generación en generación

¿Las mujeres sufrimos más?

Pues, mientras sigamos pensando así, esto seguirá para rato, de generación en generación.

Comprendo que nacimos y crecimos en una sociedad machista, donde las mujeres estaban bien vistas mientras se casaran, tuvieran hijos y jamás se divorciaran, sin importar el precio que se pagara.

En una sociedad que se acostumbró a que las mujeres tienen que llevar a cuestas, día a día, toda la responsabilidad en el mantenimiento de la familia.

Inclusive, en la actualidad, en casi todos los casos, la mujer sigue teniendo la batuta en la gerencia del hogar; cuidar a los hijos, al marido y mantener la casa.

Sin embargo, muchos aún consideran que una mujer que es «ama de casa»: no trabaja.

(Bueno, realmente se parece más a esclavitud, porque por el trabajo <algo> te pagan)

Mujeres que van llevando una vida vacía. Una existencia que van alimentando con las migajas que van dejando el marido y los hijos.

Pero, mujeres que deberían empezar a despertar.

Tener una familia no debe significar el sacrificio de dejar de <ser> para solo <hacer> todo el día, todos los días.

No es luchar para intentar sostener una relación insana, mientras que te escudas en el supuesto bienestar de tus hijos.

Realmente, cuál es el beneficio de tus hijos cuando están creciendo bajo el cuidado de padres que no se quieren, que no se respetan y que no cuidan ni de sí mismos.

Tu educas a tus hijos por quien eres, por los valores y los ejemplos que le das, por el bienestar emocional que reflejas.

Los niños aprenden más por imitación.

Entonces realmente: ¿Qué les estás enseñando a tus hijos?.

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Es lo que aprendimos y es lo que seguimos enseñando

Les enseñamos a las niñas a ser débiles, a ser siempre las víctimas, las mártires, las perdedoras en la guerra de los sexos.

Que vayan a la adultez a seguir siendo la irremediables victimas de los hombres, porque «eso es lo que hay».

Todo hombre va a ser infiel siempre, seas como seas, hagas lo que hagas, porque todos son unos mujeriegos.
Todos abandonan a la mujer y a los hijos, para irse con una más joven, o para criar los hijos de otro.
Te casas y lo único seguro que te dará tu marido es sufrimiento, porque los maridos solo saben hacer sufrir.
Asimismo,

Le enseñamos a los varones a que crezcan y hagan sufrir a cuanta mujer se le atraviese en el camino, porque sí, porque pueden, porque ésa es la costumbre, porque nacieron <machos>, porque ser infieles y rudos es su naturaleza.

Criamos a las niñas y a los varones en contextos diferentes.

Nosotras empezamos a señalar las diferencias desde la infancia.

"los niños pueden hacer tal cosa... una niña se ve fea haciéndolo..."

Tenemos la oportunidad de empezar a cambiar esto

Hasta cuando vamos a seguir haciendo el papel de victimas, buscando culpables en todas partes para excusar el comportamiento del tipo con el que elegimos vivir, al que Yo decido, en nombre del amor, vaciarme para dárselo todo, encima lo excuso y comprendo ante todo su conducta, porque es su naturaleza.

.Cuando no arremetemos contra la amante, lo hacemos contra los amigos, contra el alcohol u otras drogas, contra la industria pornográfica, contra el futbol o contra lo que sea.

Lo primordial para empezar cualquier cambio positivo, es asumir nuestra parte responsable en la realidad que estamos viviendo.

Que tu marido tenga una amante es su responsabilidad, pero seguir con él, es tu responsabilidad.

Que tu marido vaya y se gaste toda la plata con la que debía pagar los consumos de electricidad, agua y gas es su responsabilidad, no del amigo que lo invitó a beber.

¿Qué estamos esperando, que los hombres repriman sus conductas por sí solos?

Cómo podría suceder esto, cuando ellos han sido criados en la misma sociedad machista que nosotras.

¿En serio crees que se van a organizar en masa para hacerlo?

Crees que por sí solos saldrán de su zona de confort, donde viven con mujeres que los excusan cuando maltratan, mujeres que culpan a otras mujeres por la infidelidad que ellos están cometiendo, mujeres que se resignaron a que «los hombres son así».

Donde seguimos resignadas e inconformes mientras nos quejamos y esperamos que ellos se ocupen de nuestros problemas emocionales.

Vas a seguir dejando tu bienestar a cargo de una persona que muchas veces ni siquiera puede consigo mismo, porque aunque tu no lo puedas ver: resulta que ellos también tienen conflictos que resolver, también se enamoran y, a veces, salen bien jodidos de las relaciones. Ellos, muchas veces, tampoco saben gestionar sus emociones.

Parte de la evolución, es asumir que somos co-responsables de todo esto, tanto en lo poco como en lo mucho que hemos permitido y en todo lo que hemos contribuido.

También lo es, asumir que, aunque sea en menor proporción, también existen mujeres que hieren, abandonan, maltratan, traicionan, violan y matan.

Quitémonos de una vez por todas ese disfraz de victimistas, ese que no hemos enganchado consciente o inconscientemente.

Dejemos de responsabilizar erróneamente a los demás de lo que nosotras también hemos sido culpables.

Asume tú parte responsable

Somos corresponsables de lo que pasa en una relación por acción o por omisión. Somos la mitad en la pareja.

No existiría un tipo que humille, menosprecie, sea indiferente o infiel si no hay una mujer ahí que se lo esté aguantando. Una mujer <sacrificada> que sea capaz de soportar todo lo que él le de la gana de hacerle.

Si la acción del marido es ser un ofensor despiadado, por ejemplo, mi decisión a de ser ¡no calármelo!, que busque la manera de gestionar su mal carácter, sus creencias, la forma cómo lo criaron o lo que sea, su excusa, su problema.

No es que yo lo tengo que ayudar a mejorar su carácter para que él, ¡al fin!, me empiece a tratar de mejor manera: ¡NO!

Primero, porque, aunque sea lo que más deseo, no puedo cambiar a nadie,

Segundo, para que alguien me trate bien, primero tengo que tratarme bien yo, porque así como yo me quiero, así es que los demás me valoran, y

Tercero, durante cuánto tiempo me puedo engañar. Cuántas excusas puedo encontrar para justificarlo y para justificarme. Cuán fuerte puedo ser para seguir aferrada a una relación que me mantiene frustrada e insatisfecha.

Es fundamental un cambio de actitud

A veces hablamos sin haber vivido experiencias. Seguimos todos estos mensajes negativos y los repetimos sin ser siquiera capaces de manejarlos con criterio.

Seguimos al rebaño, a mujeres que resisten al cambio, mujeres que su mayor problema radica en que no creen en sí mismas.

Aunado a que no confían en sí mismas, buscan de desprestigiar la actitud liberadora de otra mujer que sí cree en ella.

Una mujer que se niega a seguir el rebaño es una mujer enjuiciada y condenada moralmente, por mujeres que justifican sus miedos con ello.

Mujeres que se deciden a tomar otro camino, el que su libertad les permita andar, son juzgadas por mujeres que se desviven por aparentar una falsa felicidad, cuyas vidas se basan en deslumbrar al otro, en llenar las expectativas y las necesidades de la sociedad.

Haciendo creer que ellas sí son afortunadas, cuando la realidad es que mientras más critican a las otras mujeres es porque más carencias tienen, en una vida que no las hace feliz y que no las satisface.

Esperando que las quieran y las valoren, para empezar a hacerlo ellas.

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Tenemos el gran reto de empezar a cambiar esta realidad

Estamos en un cambio de era, somos una generación de transición, entre lo viejo y lo nuevo, tenemos la oportunidad de co-crear la realidad que queremos, basada en la igualdad de sexos, por encima de las diferencias que existen.

La que está en una relación donde no se siente satisfecha consigo misma y no cambia la actitud ante su vida, la que no asume que es la encargada de encargarse de sí misma, la que no asume su parte responsable, la que no se cuida, se valora y confía en sí y permite que la subestimen, se condena a vivir una vida vacía, a ser infeliz, sintiéndose fea y desganada.

y,

La que se va de una relación, sin haber aprendido algo de ello, está condenada a repetir la lección con otro hombre, en otra casa, en otro país.

Porque llevamos con nosotras todo lo que debemos cambiar.

Seamos parte del cambio que queremos ver.

Gracias por leerme,

Yo escribo con gratitud.

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