curious isolated young woman looking away through metal bars of fence with hope at entrance of modern building

¡Qué estúpida!

Así me sentí cuando me di cuenta, que en vano, había idealizado la vida de otra mujer, al punto de querer estar en su lugar.

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Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

Contaba apenas dieciséis años, estaba aterrada, avergonzada, confundida por estar atravesando un embarazo precoz.

Empecé a asistir a un taller, para adolescentes que atravesaban la misma situación.

Ese primer día

Llegué y me senté en una de las primeras sillas, al rato entraba Ella, tan resplandeciente, tan segura de sí; estaba llegando tarde el primer día y se veía tan despreocupada.

Tenía un vestido floreado, muy llamativo y colorido. Inclusive Ella olía a flores, perfumó todo.

Se veía tan feliz.

Era normal que se sintiera así, era una niña super consentida en su nueva familia, tenía un esposo maravilloso, que no solo le compraba cuanto antojo tenía sino que la acompañaba todas las mañanas hasta la puerta del salón.

Tanta era su fortuna, que también sus suegros y su cuñado estaban a su disposición para cuidarla, hasta se turnaban para ir a buscarla a la hora de la salida.

Hablaba durante toda la clase, de la maravillosa experiencia que estaba teniendo, de los preparativos del cuarto de bebe, de los estímulos que recibía y de la ansiedad por la llegada del nuevo integrante de la familia, el cual todos apostaban que sería un varón.

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Photo by Pixabay on Pexels.com

Aparentemente no llevaba puesta la misma incertidumbre que las demás…

Que yo.

Empecé a tenerle mucha envidia, una sensación que no podía controlar, quería su ropa, su familia…

…Quería su vida.

Yo vestía de envidia

No sé para qué, pero sentí que tenía que acercarme a ella.

Así que empecé a hablarle y cada día nos compenetrábamos más, yo aportando mi envidia y ella su necesidad de tener una amiga, para desahogarse.

Ella vestía de farsa

Me empezó a contar que estaba acompañada, porque no estaba autorizada para salir a la calle sola, siempre estaba bajo supervisión, que en casa casi siempre estaba bajo llave, y cuando no era así igual no se atrevía a salir.

Siempre la misma escena

La pobre tenía mucha ropa y perfumes, pero no tenía libertad.

Recuerdo que la llamaba, para hacerle algo de compañía por las tardes. En ése entonces no teníamos celular, hablábamos por líneas locales y me decía que no dijera nada «comprometedor», porque alguien siempre escuchaba por el teléfono auxiliar.

Estuvo días sin ir al curso, pero cuando llegó se veía más feliz que antes, realmente muy atractiva.

Creo que ese aire lo da más la actitud que la vida en sí, porque su vida era una «mierda» (así me decía), e igual se sentía feliz.

En el receso fuimos juntas al baño, me mostró los moretones que aún tenía en las piernas y los brazos.

El flamante esposo la había golpeado, no recuerdo ni por qué, pero ella se reía y me decía que todo estaba bien, que ya el cuarto del bebé estaba casi todo listo… que en la madrugada se antojó de torta de piña y su esposo salió a esa hora a comprarla.

Volvimos al salón, ya había cambiado mi mirada, veía su falsedad

¿Cómo podía tener dos vidas tan fácilmente?

Detrás del escenario me contaba lo desafortunada que era, pero en las tablas seguía vociferando sobre su espectacular vida.

Renuncié a mi papel

Creo que fui una cobarde, no hice ni dije nada más, solo me alejé.

No lo hice «poco a poco», ni nada de eso, me alejé tajantemente.

Una gran lección

Realmente, ése taller fue muy productivo.

Eso fue hace unos cuantos años, y mi visión ha cambiado bastante desde entonces.

Lo que ha estado invariable desde el día que me alejé de Laura, es que:

¡ES TAN ESTÚPIDO SENTIR ENVIDIA!

No vale la pena, uno debería saber cuánto esmero y sacrificios vale lo que cada quien tiene, para saber si estaríamos dispuesto a pagar el precio por tenerlo.

Además, solo es saber lo que uno es, lo que uno tiene y valorar eso.

Mientras que nos preocupamos en querer ser otro, en querer tener lo que otra persona tiene, desvalorizamos lo que tenemos y en esa medida, no disfrutamos lo que somos, lo que tenemos.

además de que implica una pérdida de energía innecesaria.

A veces pienso en esa lección que me regaló la vida.

Mi perspectiva ha cambiado, antes pensaba que debí y pude haber hecho algo por sacarla de ahí, no solo de la casa donde vivía sino de su falsedad.

Pero Hoy, estoy segura que no pude haber hecho nada, más de lo poco que hice, era su proceso. era la forma como estaba transcurriendo su vida, y ella estaba a gusto con éso, lamentablemente.

¿Te ha pasado?

¿Escuchar a alguien proclamar «tanto» sobre algo que es o tiene, y darte cuenta que solo adorna sus carencias?.

Con gratitud,

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