Mejora la relación que tienes con tú mamá, para que puedas lograr lo que quieres alcanzar

mother and daughter on grass

En pro de concienciar una buena relación entre madres e hijas, fomentada en la comprensión y el amor.

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Photo by Daria Obymaha on Pexels.com

Somos parte de una sociedad donde abundan adultas insensatas, que achacan a mamá, y a papá, la responsabilidad por sus fracasos sentimentales. Es verdad que los padres son los primeros responsables de velar por el sano crecimiento, emocional y físico, de sus hijos, pero también es verdad que la mayoría hace lo posible para lograrlo.

Sin embargo, no es la primera vez que escucho a una hija (mujer – adulta), decir:

Que si su mamá no la hubiera criado como lo hizo, que si su mamá no hubiera cometido tantos errores... su destino no fuera el que le tocó vivir.

Una de las paradojas más grandes es que cuando se piensa en la madre, se piensa en el milagro más grande creado por Dios, inclusive, se dice que como él no podía cuidar a los niños las 24 horas de cada día del año: entonces creó a la madre.

Una mujer dotada de un amor tan incondicional, que empieza a amar a una persona sin siquiera haberla conocido, sin saber cómo es, y procura dar más a sus hijos, sin importar cuántos tenga, de lo que se da a sí misma.

A la mayoría se le podría describir así, pero la incómoda verdad es que, a pesar de eso, una gran cantidad de hijas estamos, o hemos estado, peleadas con nuestras madres.

Tú mamá lo hizo lo mejor que pudo

Por más <madura> que te consideres, aún sigues cargando con una mochila emocional repleta de heridas y traumas originadas durante tu infancia, e independientemente de quién o qué te haya lastimado, se lo imputaste a tu mamá.

Las pataletas que tienes, ponen de manifiesto que en tu interior reside una niña acomplejada, insegura y enfadada.

¿Te has dado cuenta que no necesitas conocer de matemática cuántica para saber que la mochila le pesa a quien la lleva a cuestas?

Independientemente de los juicios y criticas que tengas contra la mujer que te parió, si consideras que tienes razón, si tienes motivos o no, todo eso condiciona la relación que tienes con la pareja, los hijos y la sociedad.

Obviamente, nadie conoce lo que hay detrás de la puerta de cada casa. Todas las familias viven en un mundo, con misterios, secretos y dificultades, desconocidos para los demás.

Así que nadie tiene el derecho para juzgar; ni siquiera tú, solo debes procurar liberarte emocionalmente, debes hacerlo por ti.

Hasta que no aprendas a comprender que no existe un manual para ser la mejor madre. Que cada una hace lo mejor que puede, que sabe hacerlo, con lo que tiene y que la mujer que te parió, no queda exenta de eso.

Hasta que no sueltes ese recelo que te consume, no lograrás estar verdaderamente en paz contigo, no podrás avanzar.

7 aprendizajes vitales

Libérate definitivamente de éste caparazón emocional, que no te permite prosperar, para ello, es fundamental emprender el apasionante viaje del autoconocimiento, y lo lograrás con estas siete enseñanzas básicas:

1. Deja de culpar a tu madre de tu sufrimiento y asume tu parte de responsabilidad:

Sueles culpar a tu madre de tus inseguridades, carencias y frustraciones. Buscas constantemente, de convencerte que la causa de tu malestar y sufrimiento tiene que ver con lo que tu madre fue o hizo.

Sin embargo, la verdad es que nada ni nadie puede hacerte daño emocionalmente sin tu consentimiento.

La raíz de tus perturbaciones no se encuentra en lo que pasa, sino en lo que interpretas acerca de lo que pasa.

Por más doloroso que sea para el ego, tarde o temprano deberás soltar el victimismo.

Madurar implica reconocer que eres co-creadora y co-responsable de tu vida.

2. No intentes cambiar a tu madre, acéptala tal como es:

Otro indicador de inmadurez, es que sigues intentando cambiar a tu progenitora.

Prueba de ello es que te frustra cuando no cumple con tus expectativas, ni es como a ti te gustaría que fuera.

Dado que no te aceptas a ti misma tal como eres, te es imposible aceptarla a ella tal como es; y esa es la razón por la que, en ocasiones, juzgas y criticas su comportamiento.

Emanciparte emocionalmente, pasa por renunciar a la relación idealizada que te gustaría mantener con ella. Solo así puedes apreciar entre lo que puede darte y lo que no, aprendiendo a disfrutar del vínculo real que sí está a tú alcance.

3. Asume que no eres responsable de la felicidad de tu madre:

Cuando culpas a tú mamá por tu sufrimiento, caes en el victimismo, pero cuando quieres <salvarla> caes en el paternalismo, en el otro extremo.

Remóntate hacia tu infancia, quizás, hubo un momento en el cual tú madre estaba descentrada, confundida, inestable emocionalmente. Y en cierta ocasión, siendo una niña, rompiste, sin querer, un vaso de cristal. Frente a esta situación, ella reaccionó impulsivamente, se perturbó y seguidamente te culpó de su malestar. De esta manera y por medio de episodios como éste, crecimos creyendo que su felicidad o infelicidad estaba vinculada con tu comportamiento.

Liberarte emocionalmente de ella, implica comprender que su bienestar emocional no es tu responsabilidad, sino la suya.

Principalmente porque nadie hace feliz a nadie. Lo mejor que una madre puede hacer por sus hijos es ser feliz. Y lo mejor que un hijo puede hacer por sus padres es ser feliz.

Lo más importante es que seamos el cambio que queremos ver en nuestra familia.

4. No esperes que tu madre te quiera; ámala tú a ella:

¿Dónde está escrito que los padres tengan que querer a sus hijos?

Sería maravilloso que esto sucediera, y en general es así.

Pero, ¿cómo te va a querer tu madre si no sabe amarse a sí misma?

En vez de esperar que te apoyen, te comprendan o te quieran, empieza por amarla tu a ella. En vez de seguir pidiendo, empieza a dar.

Ahí radica el verdadero cambio.

5. Mira al ser humano que hay detrás de “mamá”:

Libera a tu madre de la responsabilidad de estar a la altura de tus expectativas. Recuerda que es un ser humano y que, como tú, está llena de miedos, frustraciones y complejos.

Es fundamental no olvidar que ella también fue niña y que probablemente cargue con una mochila emocional mucho más pesada que la tuya.

Quizás, si investigas acerca de su infancia, el tipo de relación que tuvo con sus propios padres, lo que vivió, seguramente verificarías que sus circunstancias existenciales fueron más adversas que las tuyas.

Al quitarle la etiqueta “mamá” empiezas a ver al ser humano que hay detrás. Así es como puedes desapegarte de ella, dejando de tomarte sus actitudes y comportamientos como algo personal.

6. Valora y agradece todo lo que tu madre ha hecho por ti:

Es muy fácil protestar y quejarte de tu progenitora. Es una simple cuestión de imaginación encontrar más de un motivo por el cual condenarla y rechazarla. Por más errores que haya cometido, cabe recordar que nadie enseña a ser madre.

Criar hijos es la experiencia más desafiante de la vida. Así, al igual que tu, tú mamá lo ha hecho lo mejor que ha sabido desde su nivel de consciencia y su grado de comprensión. Además, sus motivaciones jamás han estado guiadas por la maldad, sino por la ignorancia y la inconsciencia.

¿Y si en vez de seguir quejándote y juzgándola empiezas a valorar todo lo que ha hecho por ti?

Estar agradecida es un síntoma de madurez emocional y, en definitiva, de verdadera libertad.

7. Comprende que no tienes la madre que quieres, sino la que necesitas:

Muchas personas sostienen que los hijos elegimos a nuestros padres antes de nacer. Sin embargo, es complicado poder verificarlo empíricamente.

No podría decirte si has tenido la madre que querías antes de fecundar su óvulo, pero sí tienes la que has necesitado.

¿Para qué?

Para vivir todo lo que te ha correspondido vivir, tocar fondo, iniciar una búsqueda interior, despertar y descubrir quienes verdaderamente somos.

Por lo tanto, en vez de odiar a tu mamá, aprovecha para ir más allá de tu propio ego y poder así reconectar con el ser. Convirtiéndote en el ser humano que puedes llegar a ser.

Solo entonces concluirás que no cambiarías nada de tu infancia.

Más que nada, porque verificarás que fue perfecta tal como sucedió para que hoy seas la mujer consciente, responsable, libre, feliz y madura en el que te has convertido gracias al proceso de autoconocimiento realizado.

«Nunca es tarde para tener una infancia feliz«

Milton Erickson

Siempre podemos reinterpretar y re-escribir nuestra historia, comprendiendo que una cosa es lo que sucedió, hechos y circunstancias neutros, y otra muy distinta, lo que hicimos con ello en forma de interpretaciones subjetivas y distorsionadas.

Hacernos adultos pasa por asumir nuestra parte de responsabilidad, haciéndonos cargo de sanar las heridas emocionales de nuestro niño interior. Para ello, es fundamental liberarnos de su influencia psicológica, siendo verdaderamente libres para ser nosotros mismos y seguir nuestro propio camino en la vida.

Estar en paz y agradecidos con nuestro pasado nos permite estar a gusto y ser felices en nuestro presente, mirando al futuro con confianza y optimismo.

A propósito de la Celebración del Día de la Madre, en Argentina, este artículo es una adaptación de la conferencia “Ama a tus padres para liberarte de ellos”, impartida por Borja Vilaseca el pasado 25 de octubre de 2018.

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