Supera ese conflicto aprendiendo a aceptar, hará la diferencia entre dejarte llevar o dejarte arrastrar.

Existe una línea fina entre aceptar y resignarte, entre accionar y porfiar. Una raya que hará la diferencia entre dejarte llevar fluyendo con la vida ó dejarte arrastrar por la vida.

Sin ningún tipo de discriminación, todos, sin excepción, atravesamos en determinados momentos de la vida por situaciones difíciles, y al final solo nos conseguimos con dos opciones: la resignación o la aceptación, que sí dependen de nosotros.

woman sitting on wooden planks
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Resignación ó Aceptación

Con la resignación te conformas a vivir con frustración, victimizándote, preguntándote constantemente: –¿Por qué a mi?-, y la mayoría de las veces nunca consigues la respuesta por más vueltas que le des, sobre todo cuando sientes que es injusto lo que te sucede.

Con la aceptación te permites ser consciente de ti misma y de la situación, aunque sigas pensando que es inmerecido lo que te sucede.

A través de la aceptación empiezas a reconocer que no puedes cambiar el orden de las cosas, que todo tiene un propósito. Empiezas a enfrentarte y a enfrentarlo, y cambiando la pregunta a: –¿Para qué a mi?- podrías conseguir la respuesta.

Además, sea cual sea la experiencia que está ocurriendo en este momento, ya no la puedes evitar, está sucediendo ahora. Solo podrías elegir cómo vivirla, si negativa o positivamente,

Muchas de las cosas que suceden y que nos afectan no dependen de nosotros, que no hay nada que hagamos que las pueda evitar.

El camino de la aceptación no es nada sencillo, mientras más complicada sea la situación más difícil se nos hace aceptarla, pero siendo consciente aprendes a asumir y a comprender lo que sientes. Serás capaz de tomar decisiones coherentes, de aprender, de fluir.

Además, es más difícil cuando estas acostumbrada a <luchar>, mientras más feroz es el problema que tienes más fuerza le metes, bien sea batallando hasta desgarrarte ó tirándote al abandono sin ánimos de vivir (para ambas hazañas necesitas la misma fuerza), pero sin darte cuenta que con ambas posturas te estas derribando a ti misma.

Aprender a Fluir

Constantemente escuchamos y hablamos de la necesidad de aprender a fluir con la vida, porque hay situaciones que no podemos cambiar y, definitivamente, no podemos cambiar a ninguna persona, más allá de influir positiva o negativamente en su cotidianidad.

Reflexionando sobre esto, lo comparé como cuando estás en el mar,

Caminas hacia él, descalza, mientras la fina arena se desliza entre los dedos, es como caminar sobre una enorme nube pero de color miel, entibiada por el cálido sol.

Empiezas a sentir el suave golpe de las olas que pasan de largo y con suavidad se desvanecen en la orilla y el húmedo viento te va dando a medio probar la sal.

Siente la paz en ese preciso instante, todo es perfecto, te vas dejando llevar por el vaivén suave de las olas.

Percibe el placer y la alegría al mismo tiempo, sensaciones tan intensas que no puedes pensar ni sentir nada más.

Aparece la gran ola

Y justo ahí, sin previo aviso apareció ese conflicto, una gran y veloz ola que te embiste y te arrastra, de repente ya no sientes la arena debajo de tus pies, y de la nada, también se fue la paz. El regocijo se convirtió en tristeza y la tranquilidad en miedo.

Ya no son pequeños sorbos de agua salada, en medio de la desesperación se convierten en una corriente de agua salada que empieza a meterse por tu nariz y boca al mismo tiempo, de forma repentina y violenta, que va dejando a su paso un desagradable sabor que va rasgando la piel interna de tu garganta a su paso.

Te empiezas a ahogar, cada vez se te hace más difícil gritar y hasta respirar.

El silbido del viento te ensordece.

Cada quien se ocupa de vivir su momento, ves a los niños a lo lejos corriendo y jugando con las pelotas, a otros haciendo castillos con la arena, a amantes besándose apasionadamente como si estuvieran solos en la playa, amigos reunidos riendo a carcajadas. Mientras tú, estás hundiéndote cada vez más.

¿Sabes que mientras más luchas, más te hundes?

Aquí ya dejas de tener tiempo, tienes que tomar una decisión o la resignación o la aceptación. Te resignas a morir, y te dejas hundir, no tienes esperanzas ni fe y dejaste hasta de creer en ti, ó,

empiezas a aceptar que mientras más luchas y te desesperas gritando más te arrastran las olas y más agua tragas. Ser consciente te hace mantener la calma, podrías flotar y así ir acercándote a la orilla.

Quizás alguien te ha visto, y viene a auxiliarte, pero solo si tú estás en consciente y dispuesta a superarlo, porque si estás desesperada, chapaleando como una loca, lanzando manotadas sin sentido, no te vas a dejar ayudar.

Resignarte es estar ahí, dejando que las emociones te dominen, sin siquiera reconocer cuáles son, soportando tragar más agua, desesperándote y sumergiéndote cada vez más.

Aceptar es estar ahí, hacerte consciente de esa situación que no puedes cambiar pero de la que estás segura que podrás superar, comprendiendo tu miedo pero sin dejar que te domine.

Acciona sin porfiar

Tienes que hacerte cargo de la situación, tienes que hacer algo, pero con conciencia que accionar no siempre significa moverse, a veces solo significa tener la sensatez de calmarte para acompañar una intención: La determinación firme de salir de este conflicto en el que te encuentras. Sin insistir obstinadamente en intentar nadar, oponiendo resistencia a la fuerza de las ondas del mar. Quizás es mantenerte serena cuando se adentran y nadar cuando vuelve hacia la arena, aprovechar la corriente para salir.

Aprovechar cualquier oportunidad que exista.

Sé que no es fácil estar sumergido en un lio y mantener, como si nada, la serenidad. A veces perdemos la confianza hasta en nosotros, nos quedamos sin fuerzas, pero ahí en ese instante de intenso dolor, somos nosotros quienes debemos llenarnos de esperanza, porque siempre valdrá la pena.

Dejaremos de sentirnos victimas o culpables de cualquier situación y aprenderemos de la gran lección que nos tocaba vivir, y así es que podemos crecer y evolucionar.

¿Tú cómo vas?, ¿Te estás dejando llevar o te estás dejando arrastrar?

Gracias por leerme, escribo con gratitud.

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